Las Presillas Bajas es un pequeñísimo pueblecito en un entorno espectacular. El paisaje nos ofrece todos los colores y matices típicos del Parque, con una gran riqueza geológica y botánica.
Para recrearse la vista hay que aprovechar las primeras horas de la mañana y los atardeceres, con unos cielos sorprendentes: nunca olvidaréis los atardeceres rojos, garantizado.
El porqué de "mirar" al principio y al final del día se debe a la intensidad de la luz en esta tierra, que hace que en la mitad del día los colores sean planos y apenas se distingan.
Cualquier momento del año es bueno, sobre todo la primavera, con su rambla llena de adelfas, higueras, esparragueras, flores, tomillos... el monte está lleno de esparto, salvia, meloncillos...ojo con probarlos, no hay nada más amargo en el mundo.
Las Presillas Bajas es un lugar totalmente tranquilo, rodeado de paisaje virgen, no hay nada más que la naturaleza y sus habitantes. Un destino para el descanso, lejos de las aglomeraciones hasta en pleno verano, sin carretera, sin bares, sin tiendas.
Los habitantes de Las Presillas son gente tranquila que se dedican a sus cosas: fotógrafos, cineastas y escritores conviven con gente de aquí y de allá y con los habitantes que siempre estuvieron allí, y que siguen estando, con más de noventa años, en sus casas viviendo como lo hicieron siempre y cuidando de sus animales, como si el tiempo se hubiera detenido.
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