Rutas en cabo de gata

Por el cabo de Gata y N?jar. Donde la tierra se hace mar

Hacia el sol de levante Las aguas del Mediterr?neo ba?an, de nuevo, la mayor parte de nuestra ruta, la cual transcurre bajo el sol de Levante. Una continua sucesi?n de playas, calas y ensenadas se prolongan, hacia el norte, en atractiva fusi?n de estas tierras, visitadas, desde antiguas ?pocas, por culturas y gentes procedentes de otros lugares. Importantes aprovechamientos tur?sticos se distribuyen por una costa que, pese a todo, conserva en la mayor parte de su espacio el car?cter agreste y natural. Todav?a hoy, inmersos en el turismo de masas, podemos encontrar en nuestra ruta, escondidas playas a las que s?lo es posible acceder a pie o en apacible paseo en barca. En ellas, la pr?ctica del naturismo se integra armoniosamente con el entorno virgen, resultando un hecho normal, nada discordante. El origen de la ruta se sit?a en la villa mar?tima de Carboneras. Para llegar hasta all?, tomaremos en Almer?a, la Autov?a del Mediterr?neo, en direcci?n Murcia, para abandonarla cuando anuncie este destino. El acceso hacia el mar, atraviesa una parte del Parque Natural Mar?timo-Terrestre de Cabo de Gata- N?jar que, en su extremo septentrional, tiene su l?mite en la pr?xima Punta del Santo, aunque el ?rea de Carboneras queda excluida de su protecci?n. El relieve tabular de La Mesa de Rold?n, resalta en el horizonte, anunciando la pronta visi?n de las azules aguas que ba?an Carboneras. Antes de llegar a la localidad, las altas dimensiones de la central t?rmica de Endesa y la f?brica de cemento, chocan en nuestras retinas, no acostumbradas en estas tierras, a los inmensos artificios del hombre. Al acercarnos a su paseo mar?timo, descubrimos el muelle pesquero, que de reciente construcci?n, protege la tradicional flota pesquera de la localidad. Si elegimos ba?arnos en algunas de sus playas, podremos optar entre Los Coscones, El Lanc?n, Carboneras, La Marinica, Torrevieja y La Salinicas. Pero si quieren disfrutar de una playa verdaderamente virgen, no lo duden. Tomen el veh?culo y dir?ganse hacia el sur. Al llegar al punto de informaci?n de Mesa Rold?n, podr?n dar un agradable paseo (ya se?alado en la Ruta 1) hacia La Playa de los Muertos. Ya referimos el origen de este nombre, que podr? encontrar el lector en anteriores p?ginas. Nosotros, optamos por seguir el sendero que desciende, entre arbustos, a un peque?o mirador natural y a?n m?s abajo, hasta llegar a una de las playas m?s hermosas de la zona. Disfrutemos de ella y cuando queramos, dispong?monos a volver a Carboneras para continuar con la ruta. Dejadas atr?s estas arenas, y una vez en el pueblo, no debemos abandonarlo sin visitar el castillo de San Andr?s, germen y nacimiento de la localidad, all? por el siglo XVI, por obra y gracia del Marqu?s de Carpio. Don Diego de Lope de Haro y Sotomayor, decide en esa ?poca continuar la fortaleza para procurar la defensa de estas tierras, atacadas repetidamente por piratas turcos y berberiscos, saqueadores de haciendas y personas, que vend?an, m?s tarde, en los mercados de esclavos del norte de ?frica. Otras doce edificaciones defensivas como La Torre del Rayo, de ?poca nazar?, se dispersan por su municipio, poniendo una nota de historia y leyenda en todos los recorridos propuestos. Si queremos profundizar en su tradici?n y tipismo, podemos visitar la lonja de pescado o su variopinto mercadillo -si la visita coincide en jueves-, o saborear sus mariscos y pescados, entre los que sobresale el bonito ahumado y los galanes (caracter?sticos de sus costas). Despid?monos de esta villa marinera, contemplando el islote de San Andr?s, desde el paseo mar?timo y cojamos el coche para abandonarla, siguiendo la costa, en direcci?n Moj?car. Ante nosotros se extienden 21 km de asfalto, que hay que transitar despacio, relajadamente, deleit?ndonos con el batir de las olas a nuestra derecha y los relieves de Sierra Cabrera a la izquierda. La transparencia y belleza de estas aguas, favorece su elecci?n por muchos submarinistas para el disfrute de las actividades subacu?ticas; por ello, es frecuente observar las boyas que advierten su presencia. Los abruptos relieves de Sierra Cabrera, al aventurarse hacia el mar, dan lugar a m?ltiples y escondidas calas, que nos invitan a desviarnos en cada momento, haci?ndonos sentir un poco descubridores, hollando tierras v?rgenes. ?Caiga en la tentaci?n y disfrute de ellas. No se arrepentir??. La Playa del Algarrobico muestra su amplio arco frente a nosotros, cerrado al fondo por la Punta del Santo, verdadero espol?n rocoso que se sumerge en el mar. Algunas edificaciones salpican las inmediaciones de forma relativamente armoniosa, sin estridencias constructivas, en un buen ejemplo, nuevamente, de respeto y adecuaci?n al entorno. Para contemplar y poder recorrer pausadamente la playa, podemos abandonar la carretera general y tomar la antigua, que discurre muy cerca del mar, y donde podremos dejar el coche para pasear a lo largo de la orilla y, si nos decidimos, darnos un buen ba?o. Al continuar, notamos pronto, una marcada subida, que permite salvar el resalte p?treo de la Punta del Santo, verdadera quilla de Sierra Cabrera hacia el mar. Sobre ella, un mirador brinda la posibilidad de recrearnos, una vez m?s, en la playa que acabamos de pisar y, descubrir al fondo el faro y el relieve calc?reo y volc?nico de La Mesa de Rold?n. Abruptos acantilados y barrancos configuran este accidentado relieve, donde el palmito constituye su formaci?n vegetal m?s importante. Una profunda rambla de paredes verticales, precede nuestra llegada al breve caser?o de Sopalmo. Sus pocas casitas, perfectamente encaladas, su fuente embellecida con toda suerte de vegetaci?n y sus alrededores, motivan nuestra parada. Esta encantadora alquer?a es interesante punto de partida para realizar, por lo menos, dos paseos. El primero, desciende la Rambla de la Granatilla, hacia el mismo mar. El segundo, asciende por las laderas de la sierra, entre caminos y senderos, hasta el mismo pueblo de Turre. Decididos a seguir el itinerario, comenzamos un suave descenso, dejando atr?s la ermita de El Agua del Medio, muy pr?xima a otra gran rambla que atraviesa la carretera. Este lecho fluvial reseco recibe el nombre de Rambla de Macenas y conserva a lo largo de su curso una nutrida variedad de flora que, en primavera, alcanza su mayor belleza, transform?ndola en un verdadero oasis de esplendor y colorido. Una vuelta del camino descubre La Torre de Macenas; peque?a, pero s?lida, construcci?n artillada del siglo XVIII, protectora de estos parajes. Abandonamos el terreno asfaltado y nos dirigimos hacia el sur, por una pista en buen estado, con el ?nimo de descubrir interesantes lugares. Lo primero que percibimos es lo espectacular de su discurrir, colgada literalmente del acantilado, observando algunos de los m?s espectaculares paisaje de esta ruta. Una torre vig?a nazar?, denominada El Perulico, corona un escarpe rocoso con aspecto irreal, apareciendo en su exigua base, algunos arcos naturales excavados por el continuo batir de las olas. Hasta el siglo XIX fue utilizada para vigilancia por los sacrificados torreros. El colorido contrasta entre el profundo azul del mar y el ocre dorado de las rocas, en una plasticidad deseada por cualquier artista. Proseguimos por la pista de tierra y llegamos a la Playa de los Bordonares que antecede a la del Sombrerico. Elija el viajero la que m?s le guste, entre ?stas, o las que contin?an hacia el sur, y prep?rese, despoj?ndose de cualquier tipo de prenda y atadura, a sumergirse en estas aguas, con la seguridad de que el bullicio de gente y los chiringuitos, habituales en otras playas, aqu? no le romper?n la paz que, seguramente, en estos momentos le embarga. Cualquier paseo por sus orillas, recogiendo multicolores piedras, conchas o erizos, le llevar? a descubrir peque?as calas escondidas en los acantilados. Tome precauciones con las mareas, y no corra peligros innecesarios, pues nos quedan muchas cosas por descubrir y disfrutar. Rretoc?damos hacia el castillo y dispong?monos a continuar. De nuevo otro gran arco define La Playa de Macenas y del Indalo, vislumbrando ya en la lejan?a la llamativa imagen de Moj?car. Su visi?n, de un blanco radiante, destaca sobre un azul n?tido, constante tel?n de fondo de esta localidad almeriense, renombrada como ninguna, en Espa?a y m?s all? de nuestras fronteras. Pero antes de conocerlo llamamos la atenci?n al lector sobre sus dos localizaciones que diferencian el hist?rico emplazamiento, del m?s moderno M?jacar Playa. Ya que estamos en la orilla del mar, comentaremos primero algo de este ?ltimo. Un moderno conjunto de edificaciones, donde predomina el blanco inmaculado, se extiende desde el mar hacia las laderas de Sierra Cabrera. A nuestro alrededor, se suceden formas y estilos que enorgullecen a sus arquitectos y vecinos. Las formas redondeadas de los remates de sus casas, las c?pulas, los minaretes, las escalinatas, las formas c?bicas, los juegos de sombras y luces, completan un conjunto arm?nico, perfectamente adecuado al entorno. Se trata una vez m?s, y quiz?s sea el m?s importante de los ejemplos, de esa arquitectura constructiva que admiran muchos almerienses, que, desgraciadamente, tiene el contrapunto en inmensas representaciones en las costas espa?olas. Si queremos saborear un poco m?s este pueblo humanizado y transitable, aparquemos el coche y recorramos el Pueblo ?ndalo, germen y ejemplo del resto de edificaciones, donde se siente una profunda herencia ?rabe, f?cilmente identificable al ascender por sus escalinatas y callejuelas. Tal calidad de vida, es bien aprovechada por los turistas extranjeros que llegan a protagonizar toda la vida local. Anuncios, r?tulos, indicaciones, men?s, etc..., se encuentran en idioma extranjero, hecho ?ste que, humildemente creemos, menoscaba la personalidad de una localidad con recursos y atractivos suficientes para mantener su propia identidad hispana. Pero, en fin, es la contrapartida, las desgraciadas concesiones que despersonalizan gran parte de las costas de nuestro pa?s, en un malentendido desarrollo tur?stico, que aqu?, por lo menos, encuentra un id?lico entorno. Debemos abandonar este animado centro tur?stico si queremos descubrir ese otro Moj?car, el de siempre, el tradicional, donde naci? esta cultura ind?lica que impregna toda la villa. Desprend?monos del coche, en alg?n estacionamiento destinado al efecto, y prepar?monos para recorrer este pueblo, hecho para disfrutar andando. Nos daremos cuenta, por lo empinado de sus calles, que crece alrededor de un cerro dominando una regi?n hist?ricamente poblada por culturas que admiraron, al igual que nosotros, su benignidad. La cultura del Argar, fenicios, griegos, romanos, cartaginenses; todos dejaron trazos de su cultura en lugares como Rajada de Ortega, Cerro Cuartillos, Caldero, Cabezo de Mata, Llano Manzano, etc... Pero sin duda alguna, la cultura ?rabe transciende en su historia hasta tiempos muchos m?s pr?ximos que la historia transcribe. Este antiguo sultanato nazar? fue frontera cristiana y musulmana, que erige para su defensa torres de vigilancia. Las continuas razias cristianas encuentran reposo, cuando en junio de 1488, los Reyes Cat?licos env?an a Garcilaso de la Vega, como capit?n encargado de entablar conversaciones de paz con su alcalde. La entrevista es amigable y fruct?fera, pues permite a sus moradores convivir en paz con los cristianos hasta mucho despu?s de la rebeli?n morisca. Si quieren conocer algunos monumentos andalus?es, pueden visitar la ya mencionada Torre del Perulico o los restos de lo que fuera su castillo, hoy convertido en templo parroquial, muy transformado. Algunas fuentes y aljibes permanecen como parte de este ?rabe legado que ha trascendido hacia algo mucho m?s importante y visible, a?n hoy en d?a. S?lo tendr?, el viajero, que deambular por las plazas, calles, pasadizos, arquer?as, callejones sin salida..., entonces estar? viendo una trama urbana totalmente ?rabe, similar a la que puede ver, si desde la capital, decide trasladarse a nuestro vecino desconocido del Magreb. Si es afortunado y contempla alguna antigua foto de esta ciudad, como la que apareace en la excelente publicaci?n de Almer?a Pueblo a Pueblo, podr? confirmar nuestra aseveraci?n. Pocas im?genes de Espa?a coinciden, tan realmente y hasta hace tan poco, en lo que este pa?s siempre fue: fruct?fera mezcla de culturas. El efecto singular de Moj?car ha provocado una hist?rica atracci?n de peculiares personajes: estrellas de cine, acaudalados extranjeros, buscadores de fortuna y sobre todo artistas. Nos sentimos obligados a hablar de Jes?s de Perceval, y el alcalde Jacinto, promotores de la verdadera transformaci?n de Moj?car. Ellos protagonizaron un movimiento pionero que convirti? a esta villa del Mediterr?neo en un renombrado punto de encuentro de artistas, intelectuales, pol?ticos, ricos o "simplemente" viajeros como nosotros. Despu?s del prolongado paseo, no podemos dejar de adquirir alg?n recuerdo en los numerosos puestos y tiendas que jalonan nuestro deambular por este pueblo con "duende". Ha de tenerse en cuenta que hasta aqu? han llegado j?venes y artistas de todo el mundo. Unos y otros, crean desde sofisticadas obras de arte, hasta peque?os recuerdos que bien pueden servir de memoria personal para volver alg?n cercano d?a hasta aqu?. Si se prefiere, todav?a persiste una importante oferta artesana tradicional, que va desde la ebanister?a hasta la forja, pasando por los textiles y la alfarer?a. Seguro que en este punto, cuando vamos a despedirnos ya de esta luz inolvidable, el lector echar? de menos algo. ?Hemos acertado?; efectivamente, dejamos para ?ltimo lugar el m?tico t?tem que simboliza toda Almer?a: El ?ndalo. ?l habr? sido continuo acompa?ante de nuestros recorridos, en fachadas, platos, pins, anillos, llaveros, pegatinas, camisetas, posavasos...; en el exterior e interior de las casas, recuerda su car?cter protector de cataclismos, tormentas y otros maleficios. Este personaje que sostiene el arco iris en sus brazos, tiene origen controvertido. Unos consideran que se dise?? en un caf? de Madrid. Otros, entre los que nos encontramos, opinamos que el verdadero origen est? en La Cueva de los Letreros, en V?lez Blanco -lugar que conocer? el lector, si se queda con nosotros, en el recorrido de la Ruta n? 5-. All? podr? contemplar el que puede ser origen de todos los ?ndalos del mundo. Poco y, a la vez, much?simo m?s, podemos decir de Moj?car; por ello nos prometemos volver para continuar descubriendo escondidos rincones, como los antiguos lavaderos, la calle de En medio -que sigue la primitiva muralla-, los bazares, la Iglesia de La Encarnaci?n, los Arcos de Luciana o la puerta de la ciudad, sin olvidarnos de entretenernos en sus mercadillos, o descansar durante algunas noches en el Parador de los Reyes Cat?licos, lo que nos permitir? vivir y saborear el ambiente nocturno y diurno, a cual, m?s atractivo y sugerente. Volvamos al aparcamiento y prosigamos la ruta. Dejamos atr?s el mar hasta el fin de nuestro viaje, y dirigimos nuestros pasos hacia Turre y Sierra Cabrera. Las blancas azoteas impresionan nuestras retinas en las ?ltimas im?genes que perdurar?n hasta nuestra segura vuelta a Moj?car. A solo tres kil?metros se emplaza Turre, dejando entrever a sus espaldas los fuertes escarpes de Sierra Cabrera, tambi?n denominada Sierra Dulce, que a pesar de su corta proximidad al mar, encierra cotas muy cercanas a los 1.000 m. Destaca, como en la mayor parte de estos pueblecitos, su parroquia, de gran factura (del siglo XIX), dedicada a la Inmaculada Concepci?n y la ermita de San Francisco del siglo XVI. Su poblamiento prehist?rico, nuevamente, queda atestiguado en numerosos lugares. El Paleol?tico Superior, el Neol?tico y otros per?odos prehist?ricos muestran restos de su pervivencia en la Cueva de la Palmera, y la Cueva de los Murci?lagos, bajo el antiguo poblado musulm?n de Teresa. Si es viernes, acerqu?se al mercadillo. Curiose? entre los puestos; seguramente encontrar? algo interesante, sin ir m?s lejos, una fruta sabros?sima. Visite, si lo desea, los talleres artesanos que ofertan trabajos y especialidades de esparto, encajes de bolillos y lat?n. Al llegar a este punto, perm?tanos querido lector, hacer un comentario aclaratorio que evitar? confusiones. A lo largo y ancho de Almer?a, hemos contemplado una prol?fica y muy variada oferta artesanal que pr?cticamente recorre todas las especialidades existentes en este pa?s. Ahora bien, tal riqueza, herencia y tradici?n de las m?ltiples culturas que habitaron estas tierras, cuenta con una inexistente red de comercializaci?n, lo cual dificulta notablemente la adquisici?n de estas piezas. As?, en muchos lugares, resulta toda una proeza, que la mayor parte de las veces acaba en fracaso, intentar descubrir al artesano que se "esconde" en su casa y trabaja por encargo, ofreciendo su producci?n a clientes ya asiduos. Claro est?, que tambi?n existen honrosas excepciones, como en N?jar, Sorbas, Albox o Moj?car, pero son las menos. La mayor?a de las veces nos contentaremos con ver alguna producci?n ?artesana?, en los chiringuitos de recuerdos, en plazas lejanas, lamentando no poder adquirirlos "in situ". Aunque pueda servir de poco, desde estas p?ginas queremos animar a los responsables de las promociones artesanales y a los mismos maestros, a que sigan el ejemplo de N?jar y de la mayor parte de los lugares del resto de Espa?a donde avanza el asociacionismo artesano. Tal vez as?, lo que uno solo no puede permitirse, se tornar? en f?cil soluci?n para el colectivo y para nosotros, los clientes y admiradores de la m?s primitiva industria y producci?n art?stica de Andaluc?a que, de esta manera, podremos disfrutar de su adquisici?n. En nuestro paseo urbano nos detendremos para tomar un tentempi? o, ?por qu? no?, sentarnos a la mesa. Si as? lo decidimos, ?enhorabuena!, habr? optado por comer en un pueblo afamado por la cocina t?pica de la zona. Podr? elegir entre contundentes guisos como las migas con tropezones, los gurullos, la olla de trigo, las pelotas, los caracoles, la fritailla o el ajo colorao, am?n de un buen surtido de postres. ?Buen provecho!. T?mese un caf?, y si es conductor, no abuse del alcohol, pues vamos a visitar algunos de los lugares m?s rec?nditos de la Sierra Dulce. Al salir del pueblo, en direcci?n a Turre, decidimos antes, visitar las ruinas de la ciudad ?bero-romana de Cadima; aunque este nombre sea ?rabe, hace alusi?n al "pueblo antiguo". Se localiza en la orilla de la Rambla del R?o Aguas, lo que ha provocado que los procesos erosivos del r?o, vayan diezmando su superficie y que, probablemente, la har?n desaparecer. Parece seguro su poblamiento en el siglo II antes de Cristo, aseveraci?n hist?rica, refrendada por la cer?mica y las monedas encontradas en sus cercan?as. Si vive en la capital y se acerca a las sedes que recogen hoy los fondos del Museo de Almer?a, podr? ver una inscripci?n romana hallada en este lugar. Para acercarse hasta aqu?, desde la salida de Turre hacia Los Gallardos, a la derecha de la carretera, serpentea un camino con un indicador que se?ala Cadima. Tras cruzar el lecho del R?o Aguas, que puede hacer honra a su nombre, remontamos el escarpe de su orilla y proseguimos hacia la izquierda, por encima de ?ste. Otro cartel, cerca de un cortijo, anuncia que nos encontramos en ese paraje ?Sorpresa?, efectivamente, no hay restos espectaculares, aunque s? algunas partes de los muros de sus casas, y dicen los entendidos que, restos de la almazara y molinos. Lo que s? observamos, es la presencia de abundante t?gula, clara alusi?n a un poblado de la cultura romana. Tras la, no tan llamativa, pero creemos que interesante, visita, volvemos hacia atr?s y, al alcanzar el asfalto, tomamos direcci?n a Los Gallardos. Muy cerca de aqu?, a la izquierda de la carretera, todav?a con las ?ltimas casas del pueblo a nuestra vista, ascendemos una empinada calle para acercarnos al caser?o de Torre Cabrera. Frente a nosotros se levanta airosa Sierra Cabrera con un llamativo verdor, que tambi?n acompa?a nuestro discurrir, junto a una vega cubierta en toda su extensi?n del verde brillante de los naranjos. La pista de tierra bordea los cultivos y, tras una serie de vueltas, termina en un gran repecho donde aparecen las edificaciones de Torre Cabrera. Nos sorprende, la siempre sugerente, y m?s en estas tierras, contemplaci?n de un lago que, incluso con alguna barca, anima a su paseo. Un cortijo de colores terrosos, constituye un id?neo establecimiento dedicado al descanso. Adem?s, ofrece, en tan apartado lugar, la posibilidad de paseos en bicicleta, a caballo, senderismo, etc. Todos los alicientes, en definitiva, para aquel que quiera pasar unos d?as al margen del "mundanal ruido", rodeado de vegetaci?n y agua en pleno coraz?n de la Sierra Dulce. El descenso explica ya la frondosa vegetaci?n, al recordar el lago que hemos visto m?s arriba. Alcanzamos, de nuevo, la carretera y continuamos, bordeando la sierra, entre olivares y pitas. A nuestra derecha, discurre el R?o Aguas, arrastrando un fluido lechoso, que nos traslada con la imaginaci?n al no muy lejano Karst de los Yesos de Sorbas. En las orillas de este r?o, se suceden molinos sugerentes que dan la posibilidad, a qui?n lo desee, de realizar un interesante itinerario opcional para disfrutar con su contemplaci?n. Proseguimos atentos porque, hacia la izquierda, parte una desviaci?n que se adentra al verdadero coraz?n de Sierra Cabrera, acerc?ndonos a uno de esos lugares rec?nditos y desconocidos de Almer?a. Una carretera con numerosas se?alizaciones nos lleva pronto a Cortijo Grande. Este peque?o pueblo, alejado de la costa, posee un campo de golf y un elevado n?mero de viviendas ocupadas, casi en su totalidad, por turistas brit?nicos, que se han convertido en residentes habituales y en, algunos casos, definitivos. El pub y los bares muestran claramente esta presencia extranjera en un paraje singular, lleno de vegetaci?n, que asume, como comentaba un trabajador de las instalaciones, el hecho de que gracias a estos turistas tengan trabajo y futuro muchas gentes de los alrededores. Si la sorpresa del lugar no nos ha cansado, a?n hay m?s; continuemos escalando la ladera monta?osa que se eleva algo m?s adelante y acerqu?monos a conocer la singular Urbanizaci?n de Sierra Cabrera. La carretera es estrecha, lo que exige precauci?n mientras subimos pausadamente, acompa?ados por el verde entorno. Nos acercamos a dos despoblados ?rabes que tuvieron este origen tras la expulsi?n morisca. Encima de la parte derecha de la monta?a se encuentran las ruinas de Teresa, que oculta un poblado del Paleol?tico y del Neol?tico. Por otro lado, justo en donde hoy se ubica la urbanizaci?n citada, se emplazaba el pueblo ?rabe de Cabrera. Cuando lleguemos a tal localizaci?n entenderemos la recomendaci?n de su visita, pues parece que, sus dise?adores, se hubieran esforzado en recrear la reconstrucci?n del antiguo poblamiento. Tal es su acierto en el uso de c?pulas vidriadas, minaretes, arcadas, colorido empleado, formas, etc que a alguien puede recordarle -en su medida- los rasgos de La Alhambra bajo Sierra Nevada. Agradecemos la existencia, a?n, de arquitectos con tan buen gusto y saber hacer. Y aqu? estamos en medio de la monta?a, sorprendidos por la escogida urbanizaci?n de estos lugares y con la invitaci?n de descender hacia la v?a general y proseguir hacia el, ya anunciado, pueblo de Los Gallardos. El R?o Aguas, acompa?a la marcha, encajado en el terreno y aportando sustento a la variada vegetaci?n de la que sobresalen esbeltas palmeras, rememorando paisajes norteafricanos. Si quisi?ramos darnos un buen ba?o, se nos plantean m?ltiples ocasiones para hacerlo, ya que en este lado del r?o, algunos manantiales aportan agua que perdura, gran parte del a?o, en pozos y charcas. Aunque no nos remojemos, merece la pena visitar el molino de la Higuera o el de la Cueva, que mantiene su estructura p?trea original y preside un gran paraje natural. Ya en la carretera, pasamos bajo pinos centenarios que preceden la conexi?n con la Autov?a del Mediterr?neo. Apenas la mencionaremos, pues nos desviamos, enseguida, hacia Los Gallardos. Esta localidad, anta?o pedan?a de B?dar, se segreg? de ?sta en 1924, tomando la categor?a de municipio que hoy ostenta. Entre sus atractivos, citamos los, ya visitados, restos de Cadima, las ruinas de los ba?os ?rabes de Alfarix, el cauce del R?o Aguas y el encajado R?o Jauto, afluente de ?ste, con llamativas paredes rocosas. Al retornar al asfalto, atravesamos la autov?a, por una carretera secundaria, en direcci?n a Antas. El paisaje es alomado, predominando el matorral, hasta que se afianzan los campos de naranjos, anticipo de la llegada a este pueblecito situado delante de los relieves de Sierra Lisbona. Hablar de Antas es rememorar innumerables hallazgos arqueol?gicos; es hablar de D. Luis Siret y su ayudante D. Pedro Flores, que encontraron incontables vestigios de culturas pasadas. Los descubrimientos arrancan desde el Paleol?tico Medio, Superior, Neol?tico y Bronce; siendo importantes los yacimientos de la Cueva del Serm?n, El Garcel, La Pernera, etc. Pero sin duda, el motivo que eleva en la ciencia arqueol?gica espa?ola, a Antas, a lo m?s elevado de nuestra prehistoria, es el hecho de que el citado arque?logo, descubriera El Argar; dando nombre a toda una cultura, que tuvo aqu? el centro de su irradiaci?n en la Edad del Bronce. Siret localiz?, en las cercan?as del pueblo, una ciudad de compleja estructura socioecon?mica, con una necr?polis formada por m?s de 1.000 tumbas y abundante utillaje. Antes de acercarnos al yacimiento de El Argar, podemos visitar la iglesia de la Virgen de la Cabeza, del siglo XVI y el Acueducto del Real de principios de siglo y, el que lo prefiera, la ermita del Cabezo Mar?a, que acoge cada 8 de septiembre una importante romer?a. El R?o Antas, bordea el caser?o por el norte, dejando entrever entre los profundos ca?averales y carrizales, unos fuertes escarpes en donde es f?cil observar viviendas trogloditas, utilizadas hasta ?pocas recientes y que todav?a guardan algunas cabras, en un particular corral tallado en la arenisca. A lo largo del r?o, los vecinos encuentran lugares de ba?o y paseo, como el charco de El Goter?n, Cajete y el de Las Palomas, que reciben las aguas de Sierra Lisbona. Al abandonar ya el pueblo, nos dirigimos a Vera, atravesando la frondosa mancha de vegetaci?n que forma el r?o, salvando sus abruptas orillas a lo largo de una empinada cuesta en curva. No se detenga, pero sepa que atraviesa el famoso yacimiento de El Argar. Reconocemos una sensaci?n de respeto y cierta veneraci?n al hollar los mismos lugares que, hace miles de a?os, poblaron nuestros predecesores. Pase?moslos, si este es nuestro deseo, pero con todo el cuidado que merecen . F?rtiles cultivos de naranjos, limoneros, granados y un gran n?mero de huertas, nos acompa?an hasta llegar a Vera. Esta amplia localidad, cabecera de comarca, es uno de los n?cleos m?s significativos del Levante. A pesar de ocupar tierras alejadas del mar, tiene en su municipio algunas de las mejores y m?s extensas playas de la ruta, pero dejaremos su visita para m?s adelante. Ahora recorreremos su interesante plano urbano donde se agolpan monumentos y lugares de gran atractivo. Disfrutemos del paseo contemplando su iglesia parroquial del siglo XVI, de estilo g?tico, bajo la advocaci?n de La Encarnaci?n, con excelente retablo barroco y la iglesia de San Agust?n. Asimismo, acerqu?se a la Plaza Mayor, presidida por la Casa Consistorial del siglo XVI. No lo dude. Entre y suba las escaleras que conducen al primer piso. En la recepci?n de los distintos despachos y oficinas podr? ver, colgados de las paredes, los escudos de los diferentes gremios que hubo en la ciudad: alpargateros, fondistas y posaderos, herreros, zapateros, hiladores, cocheros, etc. Al salir puede visitar el Museo Hist?rico, y si es hora de comer, ?adelante!. Hemos parado en el lugar m?s indicado de toda Almer?a, donde atestiguamos puede deleitarse la mejor comida tradicional de toda la provincia. Como creemos que tal aseveraci?n es acertada y correcta, el lector nos permitir?, por una sola vez en esta gu?a, recomendarle que se detenga a comer en Terraza Carmona. Este es un restaurante a la vieja usanza. Por sus salas, todav?a pasean las generaciones que precedieron a los actuales encargados de las instalaciones. Su completa direcci?n familiar y el trato cuidado al comensal, bien merecer?an su visita. Pero, sin duda a la hora de pedir nuestro sustento, ser? cuando admiraremos, de verdad, la riqueza de sus fogones, que nos deparar?n los m?s suculentos platos. Recomendamos dejar la elecci?n en manos expertas del ma?tre o del chef, que le abrumar?n con una "cata" de los m?s variados y apetitosos platos de la cocina almeriense. Nosotros no nos decantaremos por ninguno, porque esperamos al final del ?gape, su opini?n. Es loable el continuo proceso de recuperaci?n de la cocina tradicional por esta familia, que la ha llevado recientemente hasta tierras niponas para promocionar los productos de la provincia. Para que puedan degustar, en sus casas, alguna especialidad de las que all? se sirven, adjuntamos su receta de uno de los platos m?s t?picos de Almer?a. Tras la copiosa comida, y para no caer en el letargo propio de la digesti?n, podemos acercarnos a contemplar el convento de los Padres M?nimos, del siglo XVII, o el Real Hospital de San Agust?n. Desde all?, nos decidiremos a abandonar la localidad, y retornar hacia los aires marinos de Garrucha. En el paisaje predominar? el olivar, dejando ver en el horizonte Sierra Cabrera y Moj?car, recostados sobre uno de sus escarpes. Algunas construcciones se agolpan ya en modernas urbanizaciones, anunciando la llegada a Garrucha. Lo m?s indicado, ser? acercarse a su afamado puerto pesquero y deportivo y dejar nuestro coche en las inmediaciones. Si as? lo hacemos, podemos admirar la joya de la ciudad, el paseo mar?timo. Este prolongado mirador, con una espl?ndida barandilla de m?rmol blanco, abre las puertas de esta localidad al mar y nos regala una atractiva playa dispuesta siempre para el ba?o. Los hallazgos arqueol?gicos encontrados en su solar urbano y en las cercan?as, delatan un pasado que se remonta a la cultura arg?rica, bien documentado ya en ?poca musulmana. El comercio y la pesca han sido desde entonces actividades cotidianas en sus gentes. Hasta que en 1838 se descubre, en algunos cerros pr?ximos, yacimientos de plata que introducen a Garrucha en la fiebre minera, generalizada en toda Almer?a y m?s all? de sus l?mites provinciales. Hornos de fundici?n, empresas mineras, cables de mineral y ferrocarril, que tra?an del interior la materia prima..., son s?lo algunos de los elementos transformadores de la vida y el aspecto de la ciudad. Tal fue la importancia y el prestigio social adquirido, que lleg? a tener 10 consulados de otros tantos pa?ses del orbe, am?n de casinos, teatro, club de tenis, etc. Recorremos por entero el paseo mar?timo, disfrutando de sus cuidados dise?os y de la arquitectura urbana que se dispone en su flanco. Si es curioso, tambi?n puede visitar la lonja del pescado, al atardecer, para ver su subasta. Desde all?, nada m?s apetecible que acercarse a alguno de sus numerosos restaurantes, o bares, para degustar las t?picas gambas de Garrucha, o los pescados que hemos visto hace unos momentos reci?n sacado del mar. A partir de aqu?, se extiende, hacia el norte, una continua playa, que constituye la natural salida al mar de los municipios de Vera y Cuevas de Almanzora. Puede recorrerse por sus orillas, hasta llegar a Villaricos, donde continua la siguiente ruta. Si alguien decide pasear por las enormes "orillas del Playazo" ?aptas para el naturismo- antes atravesar? la urbanizaci?n de Puerto del Rey. Delante, "tan solo" queda una continuada playa en la que por hoy nos despedimos de este m?s que interesante recorrido; disfrutando del sol de Levante.
NO DEBE PERDERSE

SALINAS DEL CABO DE GATA

Pocos espacios hay en la provincia de Almer?a,

donde sea tan palpable la profusi?n de vida salvaje. La

elevada biodiversidad del entorno, con m?s de 150

especies de aves censadas en m?s de 300 has. de

aguas encharcadas, lo convierten en una de las zonas

m?s privilegiadas de toda Europa para la observaci?n ornitol?gica. La visi?n de miles de flamencos, levantando su vuelo rosado sobre estas superficies de cristal salino, ser? un espect?culo dif?cil de olvidar.

CABO DE GATA Agrestes acantilados de Las Sirenas, azul cobalto y verde esmeralda de sus aguas; ocres, dorados y negruzcos relieves volc?nicos, conforman un conjunto fant?stico y evocador entre la austeridad de la naturaleza y la abrumaci?n paisaj?stica. Contemplar este para?so en la paz del atardecer o bajo el sol m?s radiante, justifican, sobradamente, su calificaci?n.

SAN JOS? Y ENSENADA DE LOS GENOVESES Pocos pueblos de la costa de Almer?a han sabido conjugar, sin estridencias, el desarrollo tur?stico y sus ra?ces m?s profundas. La estancia en este apartado lugar se enriquece al encontrarse rodeado de calas y ensenadas como la de Los Genoveses. Entre el Cerro del Ave Mar?a y el Morr?n de los Genoveses se enmarca esta playa totalmente virgen donde fondearon las naves que partieron a Lepanto.

PLAYA DE M?NSUL Pr?xima a la Torre de la Vela Blanca, cobijada entre macizos volc?nicos, se esconde esta ensenada, verdadera joya del Parque Natural Terrestre-Mar?timo del Cabo de Gata-N?jar. Su espectacular acceso desde el faro o desde San Jos?, introducen m?s atractivos al disfrute de un d?a de mar y sol en uno de los lugares mejores conservados de Almer?a.

CALA DE SAN PEDRO La inaccesibilidad del paraje permite el acceso s?lo en barco o a pie a este rec?ndita cala. Las ruinas de un viejo castillo, una rumorosa fuente, las sombras de la vegetaci?n y un fondeadero, nos envuelven en una m?gica atm?sfera que har? de la visita a este lugar una experiencia que, dif?cilmente, podamos sustraer de nuestra memoria.

LA MESA ROLD?N Como una inmensa proa terrestre que avanza hacia el mar, este impresionante cerro calc?reo, adornado con una luminaria, se transforma en mirador natural sobre las playas v?rgenes del levante almeriense. Cormoranes, alcatraces, ?guilas pescadoras? son habituales visitantes de sus escarpes rocosos, vigilando el pueblecito de Agua Amarga.

HUEBRO Recibiendo de la Roca de Huebro el manantial de vida y frescor, se agolpan unas pocas casas sobre las laderas meridionales de la Sierra Alhamilla. Su arquitectura tradicional, su profunda vegetaci?n y la paz que se experimenta al pasear por sus calles y descansar a la sombra de su iglesia, merecen la subida hasta all?.

RAMBLA DE LAS AMOLADERAS Al poco tiempo de acceder al Parque Natural Cabo de Gata-N?jar, tenemos la oportunidad de acercarnos al mirador ornitol?gico que se asoma a esta extensa rambla. La amplitud del paisaje, su variada vegetaci?n y la presencia de numerosas aves esteparias como: alcaravanes, ortegas y la admirada alondra de Dupont, merecen esta calificaci?n.

EL POZO DE LOS FRAILES En pocos lugares de Almer?a, se conserva el elemento primigenio que dio origen al municipio. En el centro de la localidad podemos observar, perfectamente restaurada, la noria que propici? tal asentamiento. El artificio hidr?ulico nos recuerda la importancia vital y determinante del agua en este rinc?n del levante espa?ol.

MIRADOR DE LAS AMATISTAS Poco antes de llegar a Rodalquilar, un peque?o desv?o nos permite acceder a este bello mirador colgado sobre los mismos acantilados. La belleza y colorido de las cristalinas aguas chocando contra las rocas y el entorno que se abarca desde all?, hacen imprescindible su visita.

N?JAR En tan poco espacio, resulta dif?cil hablar de la localidad que preside los Campos de N?jar. De antiguo y prehist?rico poblamiento, su devenir ha ido ligado a la miner?a y en los ?ltimos tiempos, a la agricultura. Hoy en d?a es un centro artesanal, quiz? el m?s importante de toda la provincia. No podemos dejar de visitarlo y comprar sus afamadas jarapas o la tan caracter?stica cer?mica multicolor.

La mayor parte del recorrido transcurre por el Parque Natural Mar?timo Terrestre del Cabo de Gata-N?jar.

Este espacio natural, pionero del proteccionismo andaluz, obtuvo su declaraci?n en 1987 y ocupa una ancha franja costera del sector sudoriental de Almer?a. Por la riqueza de su avifauna tambi?n fue declarado ZEPA (zona de especial protecci?n para las aves).

El inter?s geol?gico, unido a la importancia y diversidad de su vegetaci?n y fauna mar?tima-terrestre, motiv? la creaci?n de esta figura que permite a todos los almerienses disfrutar de uno de los m?s atractivos parajes de esta provincia.

Su relativo car?cter inh?spito propici? el que no surgiera el "desarrollismo" costero de otras zonas lim?trofes, lo que favoreci? sobremanera su conservaci?n. M?s de 2.500 especies animales y vegetales, pueblan sus costas, salinas, dunas, barrancos, cumbres, acantilados, playas... en un espect?culo que merece la pena esforzarse por conservar.

Resumir en tan breves l?neas la enorme biodiversidad de este espacio natural puede ser tarea ardua. Por ello a lo largo de la gu?a se detalla este apartado.

La flora del Cabo de Gata sobrepasa las mil especies, destacando algunos endemismos cono el dragoncillo del Cabo, la aulaga mora, la clavelina del cabo, etc.

El tapiz vegetal predominante es el formado por matorral y gram?neas. Tomillos, azufaifos espinosos, cornical y esparto, comparten el terreno con bosquetes de palmito (la ?nica palmera aut?ctona en Europa).

Los barrancos y ramblas se pueblan de adelfas y tarajes, y all? donde la humedad se incrementa, surgen espada?ales y ca?averales.

Entre las especies faun?sticas que podemos avistar, destacan en la estepa todas aquellas aves caracter?sticas de estos espacios: alcaravanes, ortegas, sisones, ?guilas perdiceras o la rar?sima alondra de Dupont.

En las zonas de salinar la relaci?n se desborda a m?s de 80 especies entre las que se?alaremos el flamenco, las cig??uelas, chortilejos e infinidad de aves lim?colas.

Anfibios, reptiles y algunos mam?feros se encuentran presentes en el parque, representados por el esliz?n, la v?bora hocicuda, la culebra de escalera, el gal?pago leproso, el erizo moruno, el zorro, la comadreja, el tej?n, etc.

Los mares encierran tal riqueza, que se han catalogado m?s de 1.400 especies y vegetales que referimos dentro del recorrido.

A lo largo del per?odo terciario, durante diferentes per?odos acaecidos hace m?s de diez millones de a?os, se gest? gran parte del terreno que observamos. La Sierra de Cabo de Gata es un buen ejemplo de ello. Posteriores procesos erosivos, unidos a transgresiones y regresiones marinas, contin?an modelando el paisaje que incrementa su complejidad con la acumulaci?n de dep?sitos cuaternarios. Toda esta amalgama de minerales y rocas, adem?s de otras de mayor antig?edad, no citadas, provocan paisajes variados, que nos muestran dunas f?siles y m?viles, junto a depresiones litorales, que se desarrollan al lado de fuertes relieves volc?nicos.

En el extremo sudoriental del parque, los relieves tabulares muy transformados predominan, sobre un z?calo volc?nico bien marcado. Esta diferenciaci?n geol?gica y geomorfol?gica da lugar a erosiones diferenciales que favorecen para nuestro disfrute la aparici?n de calas, ensenadas y peque?as playas.