Mirando el Verano

Mirando el Verano
Crónica de Carmen Fernández Peña

 

MIRANDO
EL VERANO


En verano nadie creerá que el pequeño valle por el que ayer
paseaba era verde, y que las matas me llegaban por las rodillas y las
plantas de hojas blandas parecían lechugas en agua fría.
Nadie creerá que las flores se turnaban a lo largo del día
y de la noche para abrirse, cerrarse, desprender su aroma o reservarlo
tímidamente y así, que no faltara en ningún momento
su color y su fragancia. Nadie creerá que no hacía calor
porque todo se olvida en el verano y así, olvido con frecuencia
mirar a mi alrededor y disfrutar de extender la vista hasta mi humano
infinito, olvido no hacer nada excepto oír las olas y pasear sin
prisa y mirar. Mirar, mirar con cuidado, como cuando por ir mirando encontré
un animal de aspecto prehistórico que era un fastuoso lagarto con
cresta de dragón y colorinches sobre verde chillón, y me
paré para poder observarle y sin hacer ruido y ante su asombro,
pretendí mirar sin ser vista.
En verano es más difícil mirar porque nos tapamos el horizonte
unos a otros, pero mirando, de lejos, de cerca, me asombran el sol, o
la luna, apareciendo sobre el mar, o el cambio de color de las montañas
al atardecer, o al amanecer; mirando descubro una mata de una planta que
jamás pensé que podría existir, y menos aún
que crecería en el recodo de una roca. Miro cada día a mi
alrededor pero además insisto y busco momentos y lugares para mirar
cuando la luz no es tan intensa que apaga todos los colores, para mirar
en silencio, y ese silencio hecho a veces de viento, a veces de pájaros,
o de mar o de chicharras, me salva de que el ruido distraiga mi atención
sobre las cosas.
En verano, mirando por la carretera, veo que a los animales no parece
molestarles que seamos ahora muchos más y siguen asomándose
a la linde; en pleno verano he visto jabalíes, liebres, zorros,
búhos chicos… también veo a menudo animales muertos
en la carretera, zorros, erizos, perros… Supongo que a veces la prisa
no deja ver y puedes chocarte con ellos. La prisa tampoco deja mirar lo
que ves.
Miro por las calles de nuestros pequeños pueblos y veo a mis vecinos
preparándose para el verano, algunos con sus casitas recién
encaladas, otros con los hoteles recién pintados, y el ritmo de
nuestra naturaleza humana hace que se instale una primavera diferente,
y a destiempo, de la de la naturaleza, que con el cambio de estación
parece haber pasado de la euforia al adormecimiento. Ha llegado el verano
y en el parque somos muchos mirando, y desafiando al sol con una intensa
actividad que se apodera de todo nuestra especie.
En verano nadie creerá que el pequeño valle por el que ayer
paseaba volverá a ser verde, y que las matas me llegarán
de nuevo por las rodillas, y que de nuevo crecerán plantas de hojas
blandas como lechugas en agua fría. Tal vez nadie que se halla
parado a mirar la bruta naturaleza, sobreviviendo a nosotros mismos bajo
una luz cegadora, creerá del todo lo que ha visto; nadie que se
halla parado a mirar podrá olvidar el calor intenso de la tarde
temprana, la fuerza del viento arrollador y todos los sonidos del silencio.

Carmen Fernandez Peña

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