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LAS SALINAS DE CABO DE GATA (ALMERÍA). Historia y descripción de las salinas

 

EL COMERCIO DE LA SAL
Salinas de Cabo de Gata (1916) La sal se asocia con la esterilidad y la vida, con dioses y diablos, con un estado de gracia o  de infortunio. En el lenguaje popular encontramos numerosas referencias que nos indican la importancia que tiene en nuestro devenir cotidiano.

Conocemos refranes como  Aceite, vino y sal, mercadería real, Para que no vuelva más, niégale el pan y la sal, Derramar el vino, buen destino; derramar la sal, mala señal. También hay frases cuyo contenido simbólico está relacionado con el uso de la sal. En Inglaterra, por ejemplo, la expresión Estar debajo de la sal significa ser de condición humilde. Esto se debe a que, por su escasez, en la Edad Media sólo tenían acceso a ella los más privilegiados. Cuando la nobleza se reunía para celebrar un ágape, los más poderosos se colocaban en la mesa en un puesto de preferencia. El resto de los comensales ocupaban asientos de más bajo escalafón. El salero, una lujosa pieza de orfebrería, se situaba en el centro de la mesa  y sólo tenían derecho a usarlo la más alta aristocracia. En Rusia, derramarla  anuncia un escándalo en la familia; cuando una mujer echa mucha sal en la comida indica que está enamorada o pronto se enamorará. La pérdida de la sal en las familias campesinas, siendo ésta escasa y cara, podía anunciar igualmente un desastre económico. De alguna manera, estas supersticiones eran una forma de poner atención en su uso para evitar el despilfarro. Vemos como la sal es un producto de máxima trascendencia en la vida de todas las civilizaciones. Por sus propiedades para la conservación de los alimentos  ha sido considerada  como uno de los bienes de intercambio más valorados a lo largo de la historia. Su obtención y comercialización a través del tiempo se ha sometido a distintas fórmulas de explotación y control por parte de los sectores económicos que ejercían el poder.

Aunque la extracción de la sal necesita de grupos de población con capacidad para realizar trabajos colectivos organizados que puedan mantener la regularidad productiva, su explotación incipiente se remonta a la época de los cazadores-recolectores del Paleolítico.

Hacia el año 2000 a.d.C. en Olduvay (Tanzania) y Turkana (Kenia), se tiene conocimiento del uso de la sal, documentándose como el Homo Erectus la buscaba para que sirviera de complemento a su alimentación. Usaban la técnica de evaporación de los acuíferos existentes en el territorio (Leakey y Roe, 1994).  En ese tiempo en la provincia de Ch´ing Chon (China) también era explotada para el consumo humano. Su empleo durante el Neolítico parece demostrado (Weller, 1996) así como en la Edad de los Metales.

La utilización de la sal para mantener en buen estado los productos permitía la acumulación de un excedente de caza y pesca  susceptible de ser intercambiado  por otras mercancías necesarias para la comunidad. El origen de la palabra “sal”  imbrica sus raíces en lenguas indoeuropeas, siendo adoptada por los pueblos latinos para designar un producto gris que se presentaba en sus mercados con aspecto enturbiado. Eso era debido a que se vendía o intercambiaba en forma de roca o sin refinar. Es tal su importancia para el hombre, que ha sido empleada en rituales religiosos (para ahuyentar los malos espíritus o propiciar estados de gracia), como símbolo de hospitalidad (ofreciendo el pan y la sal  a los invitados) y también como recurso terapéutico (aplicado a las heridas, contra el hipotiroidismo, etc.). Aparece en las crónicas del comercio de la China milenaria hacia el año 2000 a. d. C., en la Biblia y en la literatura de todas las culturas. Algunos animales, de forma intuitiva,  suelen lamer las rocas de sal, tan necesaria para su organismo. Es bien sabido que la palabra “salario” se debe al hecho de que a los soldados romanos les pagaban sus jornales con determinadas cantidades de sal. Para algunas poblaciones tuvo tanta importancia su comercio, que fueron designadas con topónimos que aludían a este hecho. Tal es el caso de la ciudad alemana de Salzburgo. Junto al aceite y las grasas animales, era elemento fundamental en la elaboración de recetas culinarias.
Pero, sin duda, la generalización de su uso está en función de sus propiedades para la conservación de alimentos, principalmente la carne y el pescado. Se conocen importantes vías de comercio en toda Europa: Route du Sel (Francia), Alte Salzstraße (Alemania), Vía Salaria (antigua Roma).  Sus cualidades como   herbicida o como anticongelante natural para combatir las heladas también era conocido por nuestros antepasados.

Se obtenía principalmente a través de las rocas de cloruro sódico en las minas o por la evaporación de las aguas saladas. Aún sabedores de estos beneficios, en tiempos primitivos parece que la posibilidad de extracción de sal no fue determinante en la elección de los asentamientos. La recolección, la caza y la agricultura eran fundamentales para la supervivencia del grupo, y esos eran los factores que señalaban la idoneidad del territorio. Para muchos investigadores, las poblaciones ganaderas del interior serían las primeras en rentabilizar la explotación de la sal y perfeccionar sus técnicas de uso. La conservación del excedente de carne sería el principal incentivo.

 

Fuente: Milagros Soler Cervantes

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