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"De La Isleta a Las Negras y Carboneras"

DE LA ISLETA A LAS NEGRAS Y CARBONERAS
Texto perteneciente a “Tras los pasos de Juan Goytisolo por los “Campos de Níjar”, Ensayo Crítico de Ramón Fernández Palmeral.

"En el capítulo IX, el cacique don Ambrosio, que además es un racista, se las tiene de superior porque es castellano puro Valladolid, se muestra orgulloso de sus orígenes, me parece bien, Castilla fue reconquistada por la generación del 98, entre ellos Azorín que pensaron que en Castilla residía la pureza de España. Nuestro cacique tiene aires de grandezas, habla de artistas, reyes, santos y conquistadores, y, olvida que no hay gente más orgullosa que los pescadores de la Isleta del Moro Arráez, son valientes, expertos y sufridos navegante, gentiles, solidarios, abiertos y respetuosos con sus mayores, y cuando hacen un trato es un trato para toda la vida, su palabra es un contrato. Hilario era un vecino pescador de la Isleta, soltero, que vivía junto al varadero con su madre de casi noventa años, fue tripulante de un mercante y dio cinco veces la vuelta al mundo, luego dejó al azul del mar y tomó el verde a la guardia civil.

Este capítulo IX, contiene una serie de improperios y desaciertos históricos y partidistas de Almería, cuando dice: «Los almerienses nunca han sido protagonistas de su historia, sino más bien comparsas, resignados y mudos». Cuando el pasado árabe de Almería ha sido muy importante, véase su alcazaba, menos mal que lo remienda con ese dicho que el narrador se inventa: «Cuando Almería era Almería, Granada era una alquería», y que no queda mal para eslogan, pero esto no es así. Almería dependía del Califato de Córdoba. La fundación de la ciudad de Almería se remonta al año 955 por el califa Abd-al-Rahman III Al-Nasir, comenzó por la construcción de la fortaleza de la Alcazaba y el amurallamiento del recinto, la medina, la mezquita. Consta el castillo de tres recintos, los dos primeros de la época musulmana, y el último, construido en 1522 por el Emperador Carlos I. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico. Considerada como la fortificación musulmana más grande de España con 1.440 m. de perímetro amurallado. Con la desintegración del Califato de Córdoba en 1009 tras la muerte de Hixem II, Jairán se apodera de la ciudad y se independiza de Córdoba y se convierte en uno de los Reinos de Taifas más florecientes (1041-1091). En 1147 los cristianos bajo el mando de Alfonso VII tomaron la ciudad, pero diez años después, los almohades la reconquistan. Pasará al reino nazarí de Granada hasta que en diciembre de 1489 fue reconquistada o invadida definitivamente por los Reyes Católicos. Firmada las capitulaciones e incumplidas después.

Juan Goytisolo se hizo arabista, después de este libro, recojo unos párrafos para el prólogo de la obra "La arquitectura del Islam occidental" (Lunwerg): «El extraordinario patrimonio artístico y cultural de Al Andalus formó parte durante centurias del mundo occidental antes de ser desalojado de él por la nueva idea de Europa, devuelta a sus raíces helénicas sin intermediario de los árabes, forjada en el   Renacimiento. Esa Europa inventada a finales del siglo XV separó brutalmente las dos orillas del Mediterráneo y repudió como ajena la 54 realidad cultural que la alimentó durante la Edad Media. Es hora ya, próximos a entrar en el nuevo milenio, de que reincorporemos dicho patrimonio al lugar que le corresponde, como expresión de una occidentalidad distinta, representada por Al Andalus en el terreno de la arquitectura, filosofía, ciencia y literatura.

»Las grandes creaciones omeyas, almorávides, almohades y nazaríes -frutos de los trasvases y corrientes migratorias entre la Península y el actual reino de Marruecos, así como sus ramificaciones magrebíes, sursaharianas y mudéjares-, han de ser vistas hoy como paradigma de una visión ecuménica que incluya a las naciones de diferencia, anomalía, mezcolanza y fecundación».
Su cultura era floreciente, ser poeta te podía dar un cargo de visir. Tomo una estrofa del siglo IX, sobre Almería:
He mandado mi saludo en el collar
de una paloma que será sobre la comarca
de Almería como un pebetero.
Al-Mutasin (1042-1091)

Nuestros viajeros van en coche desde La Isleta hasta Los Nietos por el cortijo del Nazareno, y en Los Nietos el conductor ha de aprovechar para cumplir una visita, antes de regresar a la capital, nos da a entender que don Ambrosio vive en Almería. Luego los viajeros toman dirección Este, hacia los Pipaces, que deben ser el actual Albaricoque, aquí es cuando aparece el gitano montado en un borrico, el chofer da un bocinazo y el animal se espanta.

Llegan al cruce de Níjar y las Negras, carretera que actualmente sube a Níjar por Campohermoso, y al sur por Fernán Pérez. Aquí se despiden, nuestro viajero quiere pagar el viaje, pero don Ambrioso se lo impide 55 porque ya había pagado la comida que había hecho Joaquín con las gachas. Don Ambrosio se disculpa porque «debe visitar a un amigo salmantino que fue delegado provincial después de la Cruzada». Las tropas franquistas tomaron la guerra civil como una Cruzada Nacional de Liberación.

Tras media hora de caminar llegan a Fernán Pérez, queda a la derecha en un declive, es una de las zonas más llanas de estos campos. Cuando yo pasé por primera vez por Fernán Pérez en 1.984, sentí la soledad más despiadada, las gallinas eran dueñas de las explanadas. Todavía quedaba un molino como el que nos cuenta el narrador «Recortado contra el cielo, se divida un molino de celas, como los que giran en el campo de Cartagena, entre La Unión y los Alcázares (…) el de Fernán Pérez rueda aún con un crujido sordo, y desde lejos, parece una flor de pétalos inmensos y abardillados».
A Goytisolo le ha quedado muy poético: «una cola de mujeres con aguaderas recogen agua de la fuente».
Nos cuenta el narrador que la población vive de la agricultura y de las minas de oro de Rodalquilar. Hay que tener en cuenta que entre Fernán Pérez y Rodalquilar como de Las Negras, media una distancia de unos diez kilómetros, hoy unidas por una carretera asfaltada y que hay que pasar un pequeño puerto de montaña. Nuestro viajero está perdido ante el plano que maneja. Luego pasará por Hortichuelas, se halla en una hondonada, en un paraje volcánico desértico como los de Lanzarote, oasis de palmeras, y casas como fortines encalados, y molinos en ruinas, la imagen de África es constante. La carretera le llevará a Las Negras, en la costa, junto a un acantilado, el mar «alborotado da tumbos sobre la playa», una metáfora de olas muy acertada, que me hace recordar a los gatos de la Isleta, que cuando estaban hartos de comer la morralla (pescado menor y variado sin valor comercial), se echaban a rodar por el rebalaje.
En Las Negras, nuestro viajero es reconocido por Juan Gómez un mozo que fue con él, el sábado en la caja del camión hasta Los Pipaces y le «arrastra al bar cogido del brazo». Esta costa fue famosa por la abundancia de meros, por ello dirá el brigada de la guardia civil «deslizando una mano blanca sobre los lamparones de la guerrera», que ese año se va a celebrar el concurso o campeonato nacional de pesca submarina. Si hay un pez codiciado al Este del Cabo de Gata son los abadejos, también las zamas, zalemas, sargos, lechas, melvas, rascacios, dobladas, pargos y meros, que hacen las delicias de los submarinistas a pulmón libre, porque con botellas de aire está prohibida la pesca.


Nos dirá el narrador que atraviesa «una rambla frente a una cáfila de cortijos desmoronados y en albercas». Me llama la atención esta frase por el uso de «cáfila» que no esté en el diccionario almeriense, y los cortijos está desmoronado y en albercas, a mí me parecer que nos muestra la imagen como si el cortijo hubiera perdido el techo y el rectángulo de muros o paredes semejan albercas vacías. Aprecio, lo que debe ser un error ortográfico, cuando escribe en la pg. 133: «Los de Fernán Pérez se zampan en el portal de una casa y me aproximo también». Fernán Pérez debe ser tomado por Las Negras, ya que no son barriadas unidas, que es lo que nos da a entender el viajero, distan unos diez kilómetros.

En la página siguiente nos hablará del color azul delos ojos de las mujeres, esto es cierto, he podido comprobar que en la Isleta del Moro y aquellos pueblos de costa, abundan personas con los ojos azules, un maestro de San José me dijo que la teoría más acertada es que los normandos invadieron y poblaron estas costas que le servía de refugio en el siglo VII. La historia nos cuenta que los normandos llegaron a Sevilla en 844 remontando el Guadalquivir. Y esto me recuerda a un bello libro de Caballero Bonal “Ojos de Ágata” que nos habla de un misterioso normando.

Acude nuestro viajero a la casa donde hay un difunto y asiste al velatorio, se hace amigo de uno de los visitantes que es de Fernán Pérez, un pariente lejano, ha venido al entierro, sin explicarnos qué parentesco tiene con el difunto, que un joven que se tiró cinco años en la Legión por despecho  amoroso, muy romántico queda, y al licenciarse enferma en cinco días, que le llevan a la tumba. Llegará el sacerdote, cargan el ataúd sobre los hombros y lo llevan al camposanto, es un cementerio tan desnudo como el paisaje que lo circunda». Durante la ceremonia del entierro aparecen unos relámpagos, que como en la obra de Don Juan Tenorio, el cementero es protagonista luctuoso. Cuando cae la tormenta llega la desbandada, la gente corre, temiendo la lluvia «y el sacerdote y la
familia quedan rezagados y nadie se acuerda de ellos».

En Almería llueve poco, pero cuando llueve, llueve de verdad y fuerte. El nuevo amigo anónimo de Fernán Pérez, propone llevarlo en motocicleta hasta coger el coche de línea que va al pueblo (Carboneras es tabú, superstición). En los momentos de salir, montados ya en la moto, sale Juan Gómez del bar y le corta el paso. Como lo ve bebido, no quiere de nuestro viajero nada con él, porque en realidad lo que quiere Juan es que le busque un trabajo en Barcelona, y en una actitud dramática implora: «–Solo tengo mis manosdice- Míralas».

Pero el viajero quiere salir de las Negras, y se monta en la motocicleta que le ha ofrecido el anónimo amigo que acaba de conocer en el entierro de las Negras y que se queda con el nombre de «El de Fernán Pérez». Como arranca la moto y se alejan, a nuestro viajero no le da tiempo mirar las manos a Juan Gómez que las tenía extendidas para que viera, seguramente, unas manos encallecidas por el durísimo trabajo de cavar la tierra o en las rocas de las míseras minas de oro de Rodalquilar. Como está medio borracho le pide a gritos que se lo lleve con el viajero a Cataluña, donde hay trabajo. En realidad, en la novela social de los años 50, o realismo social, el autor no se solidariza con los desheredados obreros, sino que busca que el propio obrero haya la revolución contra el franquismo en lo que se convierte el autor en un agitador, por eso la censura y las prohibiciones de publicaciones de este tipo.

Nota.: (Leer completo en “Tras los pasos de Juan Goytisolo por los “Campos de Níjar”)